Miércoles 15 de Febrero 2023

 

¿Te consideras una persona manipulable?

Frente a esta pregunta, la mayoría de las personas probablemente nos lancemos a una clara respuesta: “¡NO! ¡Por supuesto que no”. Parece casi un insulto que alguien ponga en duda nuestra capacidad de superar las influencias de otros. Sin embargo, hasta ese pensamiento es utilizado por los medios de comunicación para manipular nuestras ideas.

En la sesión de hoy, hemos estado viendo diferentes formas de concebir el trabajo realizado por los medios en materia de influencia y tratamiento de la información, aprendiendo acerca de diversos autores y corrientes que se han posicionado al respecto.

Nos hemos centrado esencialmente en el “funcionalismo” que defiende que cualquier movimiento que no proviene de las grandes corporaciones es un virus y, por ende, “atenta contra la estabilidad sistémica y social”. En este sentido, las redes sociales tal y como se conocen hoy en día serían catalogadas como virus.

Dicho enfoque abogaba por la conservación del sistema social y para ello proponía analizar la repercusión de cualquier elemento sobre el mismo, para así poder catalogarlo de funcional o disfuncional, en función de si su impacto contribuía a la preservación del sistema o si por el contrario desequilibraba al mismo.

Posteriormente, nos hemos adentrado en las funciones sociales de los medios propuestas por Lazarsfeld y Merton, quienes proponían 3 de estas fundamentalmente: función otorgadora de status (los influencers serían fruto de esto actualmente), la compulsión de normas sociales y disfunción narcotizante.

Esta última ha captado de una manera especial mi atención, ya que desde la disfunción narcotizante se daba a conocer que se estaban generando sociedades apáticas, sociedades en las que las personas no piensan, no son agentes activos de lo que ocurre en sus mentes, sino que son “drogadas” para que sigan comprando lo que los medios venden y así incluso se llegue al punto de generar una preocupación superficial por los problemas sociales.

Esta perspectiva asumía que los medios estaban drogando a las personas y que estas, aún sabiéndolo, seguían consumiendo.

Posteriormente, como ejemplo de toda la teoría que habíamos contemplado con anterioridad, hemos visto dos ejemplos de experimentos sociales realizados en dos etapas históricas diferentes.

El primero de ellos, “la guerra de los mundos”, se realizó hace varias décadas a través de la radio, y con él se demostró el poder de manipulación de las grandes corporaciones, quienes consiguieron hacer creer a la población que iban a vivir una invasión de alienígenas, tan solamente fingiendo entrevistas con supuestos profesionales en la temática y dándole un poco de misterio a la noticia.

El segundo, “Operación Palace”, fue llevado a cabo por La Sexta hace menos de 10 años, de la mano de Jordi Évole y tuvo un objetivo similar: hacer un experimento con un falso documental en el que se decía y argumentaba con diferentes personas de prestigio que el golpe de Estado realmente nunca ocurrió sino que fue preparado por el gobierno para implantar la democracia.

Ambos experimentos, en mayor o menor medida, tuvieron el impacto esperado: personas empezando a esconderse en diferentes refugios y cogiendo provisiones y la sociedad prácticamente entera sintiéndose engañada por haber vivido en una mentira todos estos años.

Los medios de comunicación tienen mayor influencia en nosotros de lo que nos pensamos. Es más, pasan los años y seguimos cayendo una y otra vez en las mismas mentiras provenientes de los mismos sitios. Y estos, son sólo dos ejemplos de los cuales poco después descubrimos que nos estaban engañando, pero cuántas mentiras nos habremos tragado hasta ahora y probablemente nunca sepamos que nos estaban engañando.

Necesitamos educación mediática, reflexión y conciencia crítica, o seremos la generación con mayor posibilidad de acceso a la información, pero más “drogada” y manipulada por las fuentes de poder.


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